QUIEN DA PRIMERO...
Ahora, con la segunda generación del X3, BMW tendrá más difícil repetir el éxito del modelo original. Aunque han tardado lo suyo, a la pelea se han incorporado Audi, Mercedes-Benz y Volvo, por lo que era el momento de renovar y reforzar al pionero entre los SUV compactos de lujo.
Aunque la dinámica de conducción sigue siendo el gran valor del X3, la nueva entrega ha dulcificado sus maneras, al menos en la versión de acceso a la gama, el X3 20d con la última evolución del cuatro cilindros diésel ahora con siete caballos extra, hasta 184. Para comprobar si el que da primero da dos veces le hemos enfrentado al Volvo XC60, el de mayor orientación familiar de entre su competencia, un enfoque muy apreciado en una categoría que se ha convertido para muchos en primera opción como vehículo familiar.
El nuevo chasis del X3 ha buscado un mayor compromiso entre el feeling deportivo clásico, e irrenunciable en BMW, y un mayor agrado de conducción. La configuración de suspensión de esta versión le hace más asequible a los menos volantistas y a los pasajeros más exigentes.
Pero eso no le ha hecho perder efectividad. Sigue sintiéndose clavado al asfalto, muy directo de reacciones y más ligero de lo que marca la báscula. Para igualar el dinamismo del germano, el XC60 necesitaría acudir a la suspensión activa Four-C, con modos de amortiguación deportiva. Sin ella, el sueco no se prodiga a la hora de generar sensaciones a su conductor, pero resulta generosísimo con los pasajeros en cuanto a suavidad y refinamiento en marcha. Los balanceos de carrocería son más marcados pero no tanto como para restar confianza a su conductor siempre que no vayamos “a machete”.
Además, si nos atrevemos con el campo agradeceremos esa mayor templanza en sus elementos elásticos, aunque ninguno de los dos contendientes está pensado para excursiones exigentes: ambos equipan, además de un sistema de tracción integral automático -que interviene sin que el conductor tenga que preocuparse de nada- apenas las ayudas electrónicas en forma de control de descenso y de arranque en pendiente que hoy día constituyen una función más del software del ESP.
Y, antes de hablar de los motores, un último aspecto a valorar, el de la habitabilidad. Aquí el BMW ha ganado muchos puntos en la nueva generación, hasta el punto que supera en casi todas las cotas interiores al Volvo (salvo la altura, que es mayor en el sueco), y también en capacidad de maletero (490 frente a 550 litros). Iguala así la ventaja de confort en marcha que ya habíamos mencionado en favor del XC60, aunque en ambos casos hay que tener en cuenta que solo acogen con solvencia a cuatro pasajeros; la quinta plaza es mejor reservarla para el apoyabrazos central. Los diseños interiores son sencillos y sobrios en ambos casos, sin estridencias más allá de la peculiar consola central ultrafina en el Volvo o el sistema de información iDrive del X3, que requiere cierto estudio por parte del conductor para el dominio de todas sus funciones.
Potencia+ahorro. Por supuesto, las motorizaciones turbodiésel son las más adecuadas para este tipo de vehículos. El X3 de acceso, el 20d de 184 caballos, contra el cinco cilindros de Volvo que, en su última configuración de gama ha quedado reducido a dos escalones de potencia: el denominado D3 con 163 CV y el D5 con 205 (antes había una versión intermedia de 185 CV que ahora ha sido desechada). Hemos elegido el D5 porque está más en la línea del BMW en cuanto a precio se refiere aunque resulte algo más potente. De hecho, por lo que cuesta nuestro X3 tenemos un XC60 D5 con caja automática, un añadido más que interesante tanto en campo como en conducción urbana.
Prestacionalmente no hay tanta diferencia de rendimiento como podría esperarse por la mayor potencia del nórdico, ya que el propulsor de su rival germano es mucho más solícito a la hora de entregar la potencia. De hecho, y pese a que los desarrollos de la versión manual son tirando a largos, el tremendo par que genera nos permite recuperar en cualquier marcha sin notar merma a bajas vueltas.
En el Volvo, la cilindrada y potencia extras le permiten conseguir también cifras muy buenas, pero más importante que eso son las sensaciones en uso cotidiano, siempre con reserva de potencia, incluso con el pasaje completo o con carga a bordo.
Y todo ello con consumos que hace apenas unos años nos hubieran parecido imposibles en coches de este tamaño. En este apartado brilla especialmente el BMW, con unos notables 7,5 litros medidos a cruceros de 120 km/h en autovía. Se deja notar la filosofía EfficientDynamics que preside la última etapa de desarrollo de motores de la marca bávara, que en el X3 se muestra con la incorporación del sistema Start&Stop y la recuperación de energía de frenada. El motor del Volvo es algo más gastón (aproximadamente un litro por encima en esas mismas condiciones) arrastrado también por la acción del cambio automático, pero sigue siendo un gasto más que asumible para un motor de más de 200 caballos.