FIERAS AMANSADAS
Las siglas GTi, aunque han dado nombre a un segmento propio, siempre han estado unidas al Golf, otorgando el trono de la gama del mítico compacto a la variante deportiva. Ahora, las cosas son diferentes: por encima del Golf GTi llegará, como en anteriores generaciones, una variante R que le relegará al rango de Príncipe, lo mismo que le pasa ya al Focus ST con el modelo RS, una bestia que podremos probar en breve.
El Golf GTi se ha acomodado a un nuevo rol que es incluso más interesante que el de abanderado de la gama. Ahora es un deportivo con la raza de siempre pero preparado para su utilización diaria; con un motor con genio, pero de respuesta grata y con un rodar efectivo, que resulta asequible a la mayoría de los conductores. Su precio tampoco es prohibitivo, con lo que su abanico de posibles compradores se ve claramente ampliado.
El Golf VI ha sido una evolución más que una revolución respecto a la generación anterior, y eso también se nota en el GTi. De hecho, mantiene la misma unidad motriz, el dos litros turboalimentado de inyección directa pero ahora con 210 caballos, diez más que antes ganados a base de ajustes electrónicos.
Tampoco ha cambiado sustancialmente su base rodante, con un efectivo y avanzado esquema McPherson en el eje delantero y multibrazo en el trasero, una arquitectura que comparte con el Focus y que se muestra como la más adecuada en cuanto a dinámica de bastidor. En el GTi se aplica un tarado deportivo de los elementos elásticos, una altura rebajada en 22 mm. delante y 15 detrás y un diferencial electrónico XDS que opera sobre el eje delantero limitando el subviraje y facilitando el agarre del tren delantero en las arrancadas.
Uno de los rivales más duros que se va a encontrar el nuevo GTi será el Focus ST, que en su última generación se ha convertido en el más rápido de su segmento. El tedioso ST original, con su motor atmosférico de 170 caballos que no transmitía emoción alguna, ha dado paso al excitante modelo actual, impulsado por un explosivo cinco cilindros turbo de origen Volvo con 225 CV, capaz de impulsar al Focus a velocidades de vértigo con una facilidad pasmosa y con una enorme capacidad de generar sensaciones al volante. Si completamos este potencial mecánico con la efectividad dinámica que siempre ha caracterizado al Focus y lo adornamos con elementos estéticos como los que montaba nuestra unidad de pruebas (la pintura naranja eléctrico y unas espectaculares llantas negras) el resultado visual resulta de lo más atractivo.
En marcha. Pero basta ya de presentaciones y vamos a conducir. Lo primero que desmarca al Focus de su rival es su botón de arranque, un sistema que Volkswagen aún no se ha animado a introducir en su gama compacta. Pero dejando los pequeños detalles aparte, desde el primer acelerón el Focus ruge casi como un V8, con un sonido bronco que envenena el ánimo. El Golf, sin embargo, se muestra discreto hasta las 4.000 rpm, donde comienza una sinfonía que nos recuerda que llevamos un GTi. Palabras mayores.
Los diez caballos extras de esta sexta entrega del Golf GTi le permiten mantener el tipo ante el crono con el poderosísimo ST que, no obstante, se impone en todas las mediciones. Es curioso lo frío que resulta el cronómetro, porque al volante y haciendo caso de las sensaciones parecería que el Ford resulta mucho más prestacional que su oponente alemán, y con los datos se confirma que nuestros sentidos, en ocasiones, nos engañan. El explosivo motor del Ford peca en el registro de consumo, donde se dispara casi un litro más en todas las mediciones. El trabajo realizado por los técnicos de Volkswagen para reducir consumos y emisiones ha dado un gran resultado.... también en el GTi.
Pese al poderío de ambos motores, la entrega de potencia es muy lineal, incluso agradable, aunque este buen talante es especialmente reseñable en el Volkswagen. Da gusto acometer adelantamientos por la reserva de par que siempre tienen, incluso sin bajar marcha en muchas ocasiones. Tampoco esto sería mucho problema, ya que el tacto de ambas cajas de cambio manuales es suficientemente rápido y preciso.
El GTi vuelve a mostrar su marcado carácter de deportivo asequible en su dinámica de conducción. Su sólida dirección electromecánica compite en buen tacto con la del Focus, pero su pisada se nota más asentada que la de su rival americano. Empezando porque los mejores modales de su motor le dan una mayor capacidad de tracción en las arrancadas, favorecida también por la acción del diferencial XDS, que se también se hace notar en curvas lentas, inscribiendo mejor el morro en la trazada.
En el Focus, si nos empleamos con fiereza con el acelerador, el tremendo par de su cinco cilindros pone en apuros a los enormes neumáticos de la monta de serie (225/40 18”). En velocidad se siente ligeramente más descargado del tren delantero, lo que nos resta algo de confianza al principio. Pero la solidez de su eje trasero y una dirección muy rápida nos permite afrontar el paso por curva a ritmos sorprendentes, si bien nos ha parecido que el tarado más duro de su bastidor resulta ligeramente más incómodo que el de su rival cuando el terreno no es perfectamente regular.
Ambos modelos, por tanto, nos colmarán de satisfacciones, pero mientras el Golf destaca por un talante más educado y moderado, en el Focus su potencial es algo más explícito y tiene un punto de salvajismo que le gustará a los entusiastas de la conducción.
Estas sensaciones solo las experimentará su conductor. El resto tendrá que conformarse con admirar su estética, tampoco demasiado recargada. El GTi destaca por su tradicional ribete rojo en la parrilla delantera, las llantas específicas (en nuestra unidad de 17” y deslucían algo el conjunto estético) o la doble salida de escape posterior. El Focus tampoco es mucho más explícito, salvo por el color de pintura y llantas. Si algún curioso se asoma al interior le llamarán la atención los asientos Recaro y la capilla con los relojes de presión del turbo del ST y el volante con el aro achatado del GTi que, por cierto, aunque resulta muy vistoso no es muy práctico a la hora de enlazar curvas.
Bastante completos. A nivel de equipamiento, el precio en el que se mueven ambos (entorno a los 28.000 euros) es suficientemente alto como para exigir una dotación completa. Ambos parten en origen con elementos de seguridad como el control de estabilidad, los airbags frontales, laterales delanteros y de cortina o la suspensión deportiva. También ofrecen climatizador dual, llantas de aleación (de 18” en el Focus y de 17” en el Golf), luces y limpiaparabrisas automáticos o los equipos de radio con mandos al volante. Sin embargo, nos parece que Volkswagen ha sido más generosa con su icono, ya que, por ejemplo, ofrece de serie alarma antirrobo, faros de xenón adaptativos, airbag de rodilla o el diferencial electrónico, elementos todos ellos de los que carece el Focus y cuyo valor justifica sobradamente la diferencia de precio.
Tanto el GTi como el ST son dos buenos ejemplos de cómo un deportivo puede también amoldarse a un uso cotidiano cuando predomine el componente práctico. Si no es el caso y solo queremos emociones, mejor esperar al siguiente capítulo: el que librarán muy pronto el Focus RS y la futura serie R del Golf.

.