Desde que Bentley fue a parar a manos del gigante alemán Volkswagen se ha convertido en una especie de gallina de huevos de oro. Cierto es que a la marca le vino muy bien el cambio de aires y que la aportación tecnológica de un gran fabricante como Volkswagen le da ese toque de modernidad a una marca histórica que estaba un poco anclada en el pasado.
Los primeros resultados se vieron con el Flying Spur, la berlina de cuatro puertas que se convirtió en un éxito comercial indudable. Los mismos pasos de éxito que siguió el Continental GT y que se encargó de redoblar la versión cabrio.
Pero junto a ellos convivían los ecos del pasado, es decir, el Arnage, que representa la imagen más tradicional y aburguesada del fabricante inglés. Junto a esta berlina de cuatro puertas estaba la variante descapotable, denominada Azure.
La imagen de esta gama tradicional, y deseada por las grandes fortunas del mundo, no disponía de esa versión coupé que pusiese el tono de gran turismo -GT- a la gama sin dejar de lado los valores de confort y lujo que representa Bentley.
Así llegó el coche que traemos a estas páginas. El Brooklands deriva, por tanto, del Arnage dulcificando sus formas y conjugando el estilo inconfundible de Bentley hacia las formas de un coupé.
Vieja gloria. Como buen heredero ha respetado la tradición y el Brooklands no ha optado por los motores más modernos de Bentley. Ha seguido apostando por el motor V8 de 6,75 litros de capacidad que desarrolla una potencia tan enorme como su cubicaje.
Tiene a gala ser el V8 más potente que jamás haya salido de Crewe -cuartel general de Bentley- gracias a sus 537 caballos y a su asombrosa cota de par, 1.050 Nm, la más alta que ha desarrollado jamás un motor V8 de producción. Así pues, y después de haber recorrido más de cuatrocientos kilómetros a lomos de este coupé gran turismo podemos asegurar que al refinamiento de un Arnage se han unido niveles de aceleración y prestaciones de un superdeportivo.
Lo mejor de este motor no está en los fríos y elevados datos de potencia y par que arroja, sino en la suavidad con que se presentan, la magnanimidad con que sube de vueltas, la solvencia en todos los regímenes y el refinamiento con el que gira.
Para lograrlo los ingenieros ingleses han dotado al V8 de dos turbocompresores de baja inercia, causantes del buen rendimiento del motor a bajas vueltas y responsables de su elevada elasticidad. Al ser de baja inercia el conductor no aprecia su entrada en funcionamiento y solo percibe cómo va ganando velocidad con un torrente de potencia bajo el acelerador cada vez que insinúa un poco más de presión sobre él.
La caja ZF de seis velocidades también tiene parte de culpa de su buen funcionamiento. Los cambios de marcha se suceden sin percibirse el más mínimo tirón. Tiene la misma suavidad de funcionamiento escalando marchas que en reducciones.
Para los menos cuidadosos con el acelerador y para evitar desmanes del tren trasero -eje motriz- dispone de un ESP que coarta -porque actúa con soberbia suavidad- las ansias de aceleración. Si lo desconectamos y pretendemos estimularnos con ruidosas derrapadas apreciaremos la falta de diferencial bloqueable y la mayoría de la potencia se irá por la rueda que pierda más adherencia. No hay que extrañarse por la ausencia de un diferencial bloqueable: el Brooklands no es un deportivo radical sino un gran turismo, es decir, un Arnage por lujo y refinamiento, pero vestido con una deportiva carrocería de dos puertas.
Gran Turismo. Los que quieran uno de los coupés más caros del mercado para correr deben comprarse el Continental GT, y mejor si se decantan por la versión R. El Brooklands no es para eso, es para disfrutar de cada metro que se recorre en su interior.
La primera curva así nos lo anunció: está pensado por y para el confort. La suspensión es blanda y la carrocería presenta balanceos e inercias que se presentan en los primeros metros de conducción deportiva. No es para eso, hay que rodar rápido pero tranquilo. La dirección no es la mejor de Bentley, es algo lenta en seguir las órdenes del volante, hay que creerse que el coche irá por donde le hemos marcado. Claro que todas estas sensaciones desaparecen en cuanto aminoramos la marcha y simplemente disfrutamos del coche y su conducción.
La amortiguación de dureza variable en su modo
Sport no convierte al Brooklands en un GT-R, simplemente hace que se contengan los vaivenes de la carrocería.
Tradición artesanal. No quisiera ser impertinente o irrespetuoso hablando de consumos, los del Brooklands son realmente elevados. En carretera es capaz de marcar registros medios en torno a los 18 litros, lo que reduce notablemente su autonomía. En ciudad se dispara a casi 30, pero ¿qué es esto para un coche que ha costado 379.000 euros?
Este desembolso de dinero, sí que se ve en el interior, dotado de los elementos de lujo que los más burgueses pueden demandar. Llama la atención no solo su factura a mano, que deja esos pequeños detalles vistosos y que solo las máquinas son capaces de hacer a la perfección. El ajuste es impecable, parece mimado como si cada coche fuese el hijo del artesano que se ha encargado de él.
Evidentemente esta atmósfera de lujo incluye piel de la mejor calidad y acertados, por elegantes, engarces en aluminio que se conjugan con las maderas más nobles. El techo, sirva de detalle, está forrado de una sola pieza lo que nos indica el cuidado que se pone en su elaboración. Por otro lado, la gran variedad de tonos y colores que se pueden combinar en su interior hacen de cada unidad de las 550 que se producirán una pieza única.
La tecnología se abre paso en el confort con detalles como los cuatro asientos con regulación eléctrica independiente, el climatizador de cuatro zonas y la separación de las plazas traseras con soporte para copas y su almacenamiento.
El acceso a las plazas posteriores es de los más cómodos que jamás haya podido probar. Este acceso es bueno debido a la ausencia de pilar central, que también contribuye a mejorar la sensación de espacio, no molesta para acceder a unas amplísimas plazas posteriores, que están más separadas que en el propio Arnage.
El Brooklands representa la vuelta de Bentley a los coupé de lujo. A mi juicio lo han conseguido, y qué mejor final que las palabras del presidente de Bentley, Franz-Josep Paefgen: “El pedigrí deportivo y orgulloso de Bentley, forjado por las hazañas de los inmortales “Bentley Boys” en el famoso circuito de Brooklands en los años 20 del siglo pasado, fue la inspiración de nuestro nuevo coupé, capturando todo el estilo, fuerza y esplendor de aquella época”.