EVOLUCIÓN DE LA ESPECIE
La especie SUV está fagocitando a los pocos todoterrenos puros que quedan en el segmento de lujo. La entrada en juego de los fabricantes de mayor prestigio y su éxito comercial ha llevado a cambiar la fisionomía de los gigantes del campo: ahora se les pide lujo a raudales y refinamiento en carretera. Las prestaciones off road, queramos o no, han pasado a un segundo plano.
Y este cambio de tendencia, que tiene su mejor reflejo en el hecho de que estos grandes SUV se hayan convertido en el coche de todos los días, se refleja a la perfección en nuestros dos protagonistas. Por un lado, el Grand Cherokee representa a los TT de lujo a la vieja usanza, en peligro de extinción. Se les distingue por sus suspensiones traseras de eje rígido, el diseño de trazos rectilíneos sin concesiones a las curvas y un arsenal mecánico encaminado a resolver cualquier papeleta en campo, por complicada que esta pueda parecer.
En el otro extremo, el Hyundai ix55 es una interesante incursión de la marca coreana en el terreno de los SUV de lujo. Sustituye al Terracan, pero tiene muy poco que ver con el que hasta ahora era la bandera de la gama todoterreno coreana. El ix55 (que deriva del modelo Veracruz que se vende en Estados Unidos) deja de lado cualquier querencia hacia terrenos agrestes y se entrega al lujo y al confort en carretera como argumentos comerciales. Lo tendrá muy complicado, ya que en esta lucha la imagen de marca es decisiva, pero puede ser una alternativa para quien no pueda llegar a un Touareg o a un Q7 pero quiera un gigante para viajar con la familia al completo. Con el ix55, aunque se sacrifique el poder de seducción de las marcas premium, se accede a un coche de gran tamaño, presentación más que aceptable, motor moderno y un equipamiento que ya quisieran muchos de los TT más admirados del momento. Cuesta 47.000 euros, a cambio de los cuales ofrece esta larga lista de elementos: seis airbags, climatizador, siete plazas (más solventes de lo habitual, por cierto), acceso y arranque sin llave, asientos eléctricos de cuero con calefacción, volante multifunción de ajuste eléctrico, suspensión trasera autonivelante, sensor de presión de neumáticos, faros de xenón con leds traseros, llantas de aleación de 18”, alarma antirrobo, maletero de apertura eléctrica, equipo de audio con cargador de CD y toma auxiliar y USB..... vamos, prácticamente todo. Resulta curioso que con todo este despliegue se hayan olvidado de incluir una bandeja cubreequipaje para el maletero (enorme, por cierto, con casi 600 litros de capacidad).
Ante semejante despliegue, el Cherokee tiene poco que hacer. Su equipamiento es generoso, pero no llega al extremo de su rival.... y lo peor es que cuesta 3.000 euros más. Sin embargo, sí que tiene un pedigrí que presentar como aval para su compra.
Tradición 4x4. Ese argumento clave no es otro que la tradición de la marca en el desarrollo y fabricación de modelos todo terreno. El Grand Cherokee es uno de los pocos TT de lujo auténticos que van quedando. Su configuración mantiene algunas de las características sin las que hace apenas unos años no se entendía un 4x4: tracción total permanente, reductoras y suspensiones con cierta orientación campera. El reparto de tracción se hace acudiendo a la electrónica, que regula la distribución del par según las condiciones de agarre del terreno, si bien la relación estándar es de 48 a 52. Las reductoras son el aliado ideal para rutas complejas y también contaremos con el apoyo de los controles de descenso y arranque en pendiente. Si a eso le sumamos unas cotas claramente más adecuadas para el campo que las de su rival, las diferencias se antojan abismales a favor del americano.
Y es que el Hyundai es un SUV al uso: su reparto de tracción electrónico inicial hace funcionar al ix55 como un tracción delantera tradicional, lo que contribuye a reducir los consumos. Si detecta pérdidas de tracción el reparto de par varía entre los dos ejes de forma automática. Un botón nos permite bloquear de forma manual al 50-50 ese reparto para facilitar la conducción en campo. Pero nada más, ni reductoras ni nada. Además, hay que tener mucho cuidado porque la altura es muy limitada y resulta sencillísimo tocar con la panza a poco que el agujero que ataquemos sea profundo. En resumen, si vamos a hacer campo, la balanza se decanta con claridad a favor de lo tradicional.
Refinamiento. Aunque en su día supuso un paso adelante hacia el refinamiento que posteriormente se impondría entre los grandes colosos del segmento, el Jeep ya acusa su veteranía (no en vano, su sustituto llegará a finales de 2010). Ésto se aprecia sobre todo en calidad de materiales y refinamiento del motor. Así, el salpicadero del Jeep está construido con plásticos rígidos y líneas muy cuadriculadas que no dan impresión de modernidad, aparte que los ajustes no son especialmente brillantes. Por su parte, al Hyundai no se le puede reprochar nada en cuanto a la presentación interior de este ix55. El cuero reina por todo el interior, con un salpicadero con materiales mullidos incluso en la zona inferior. Sí que es verdad que no hay alardes de diseño, pero la presentación es impecable.
Aunque el americano tampoco enamora por su comportamiento, sí que resulta algo más sólido que el coreano, con unos tarados muy blandos que se suman a su gran tonelaje como aspectos perjudiciales para el dinamismo. Hablamos de dos titanes de más de 2.000 kilos en los que lo mejor es tomarse las cosas con calma y disfrutar, eso sí, del confort que brindan en las grandes rutas, donde se sienten muy cómodos, especialmente el coreano. Aquí el Hyundai impone su motor más silencioso ante el peor aislamiento del Jeep, donde el ruido y las vibraciones perturban continuamente la calma interior. A cambio, resulta algo más prestacional que el Hyundai pero también más gastón: aquí se nota el avance en el control del consumo de los motores turbodiésel modernos, como es el del ix55.
Y si al principio mencionamos el equipamiento como una de las grandes sorpresas del Hyundai, también conviene detenerse en el amplio habitáculo que regala a sus ocupantes. Bien es cierto que es algo más largo que el Grand Cherokee pero, sobre todo, es mucho más ancho. Esto convierte su habitáculo en uno de los mejor aprovechados de su categoría, con todas las cotas mejores que las de su rival y un maletero con 598 litros de capacidad máxima con cinco plazas ocupadas, pero que incluso con todo el pasaje completo permite acomodar un par de maletas tipo avión. Una práctica banqueta trasera deslizante permite ampliar el espacio para las piernas de los pasajeros o el maletero según sea necesario.
En conclusión, el enfrentamiento entre estos dos colosos es casi una lucha entre dos épocas: una en la que el campo se ve como un desafío a superar y otra en la que reina el asfalto y el talante familiar. Según donde nuestro espíritu se encuentre habrá que optar por uno de los últimos mohicanos de los TT de siempre o por la interesante la incursión de Hyundai en los grandes todocaminos, al que solo la imagen de marca y un comportamiento algo burgués puede penalizar.