¿CAMPO?, LO JUSTO
¿Berlina o SUV? Esa es una de las grandes dudas que hoy día se plantean quienes buscan un coche familiar de lujo. Pues para los que no lo tienen claro hay alguna que otra opción en el mercado que responde con un término medio: modelos derivados de berlinas tradicionales, con pinceladas estéticas de todoterreno que se acompañan de algunas modificaciones técnicas para poder afrontar modestos escarceos por pistas en buen estado. Dos de los mejores representantes de este tipo de vehículos son los que protagonizan este comparativo: el Audi A4 Allroad, derivación campera del A4 Avant y el Subaru Outback, una variante más versátil sobre el Legacy Station Wagon.
El A4 Allroad se diferencia del familiar, además de por sus aditivos estéticos (parrilla con listones verticales cromados, protección de plástico en todo el perímetro inferior del coche, cubrecárter...), por la suspensión de altura modificada (gana 37 mm.) con ajustes específicos en muelles y amortiguadores para posibles condiciones adversas. Asímismo, monta en todas sus versiones la tracción total quattro, con un diferencial central Torsen que envía el 60 por ciento del par motor a las ruedas traseras en condiciones normales y hasta el 85 cuando se detectan pérdidas de tracción en alguno de los ejes. Además, si alguna de las ruedas de un mismo eje patina, un bloqueo electrónico frenará esa rueda y pasará el par a la que tiene tracción. Como arma adicional dispone de un modo Off Road para los controles electrónicos que adapta la intervención del ESP y el control de tracción a las necesidades de la conducción fuera de asfalto.
Pese a todo lo comentado, el A4 Allroad no permite excesivas aventuras fuera del asfalto. Es más una berlina con pinturas de guerra que un SUV, y más aún cuando no se le ha dotado de la suspensión neumática de altura variable que caracterizó al primer Allroad. Por eso, es mejor limitarse a transitar por caminos en buen estado y no entrar en zonas escarpadas porque sus cotas no le permiten pasar por zanjas o crestas sin poner en riesgo los bajos del coche (la altura libre es de 18 centímetros frente a los 22 de su rival). El sistema de tracción funciona bien en terrenos deslizantes, pero las ruedas de asfalto no ayudan a salir airosos. Si su escenario habitual va a ser la finca, un neumático mixto puede mejorar algo las cosas.
Por su parte, el recientemente renovado Outback ha estrenado un planteamiento más acorde con los tiempos modernos. Así, mantiene una estética imponente, con una presencia más rotunda que el Audi (no en vano, pese a que en longitud son parecidos, el Subaru es 11 centímetros más alto), lo que le distancia claramente del Legacy Station Wagon. Está, por tanto, más cerca de un crossover de gran tamaño que una berlina maquillada.
El sistema de tracción total de la versión automática, denominada Lineartronic, emplea un sistema de reparto activo del par entre los dos ejes que varía continuamente según cambian las condiciones de adherencia. Se complementa con los controles de tracción y estabilidad y un asistente para arranque en pendientes, pero no cuenta con el habitual control de descenso, como tampoco el Audi. Eso sí, su monta de serie apuesta por neumáticos mixtos, lo que da idea de su mayor ambición a la hora de escapar del asfalto.
Y es que el Outback está mucho mejor preparado para franquear dificultades, tanto por su mayor altura libre como por los ángulos mejorados y, sobre todo, por sus suspensiones orientadas hacia terrenos agrestes. Habrá que tener en cuenta, eso sí, que la mayor batalla de esta generación limita el paso de crestas y que ahora no contaremos con la ayuda de la reductora, que sí montaba el Outback anterior y que marcaba diferencias con el resto de modelos de su categoría.
Automatizados. Optar por un cambio automático en este tipo de vehículos conlleva importantes ventajas, especialmente si vamos a rodar con frecuencia por campo, donde este mecanismo facilita las maniobras, reduce el castigo al que sometemos al embrague y gestiona mejor la entrega del par del motor. El Outback ha estrenado la transmisión automática Lineartronic en combinación con el propulsor de cuatro cilindros horizontales opuestos (bóxer), de 2,5 litros de cilindrada y 165 caballos de aspiración natural. El rival natural en la gama A4 Allroad es, por tanto, el 2.0 TFSi de 211 caballos asociado a la caja automática de doble embrague S tronic (por incompatibilidad de fechas empleamos en la sesión fotográfica una unidad del Allroad con cambio manual). Aunque el propulsor del Outback ha recibido algunas mejoras respecto a la anterior generación, ni por asomo puede hacer frente al potencial del cuatro cilindros turbo de inyección directa del Allroad, uno de los mejores motores de gasolina del panorama actual. Ni siquiera el Subaru puede argumentar a su favor una ventaja en los consumos, ya que su mayor peso y volumen unido a una peor aerodinámica le penalizan. Así, su rival puede presumir de una mejor relación entre prestaciones y consumos, ya que los 10 litros en ciclo combinado que hemos obtenido en nuestros recorridos no nos parecen descabellados teniendo en cuenta la capacidad de aceleración y recuperación que consigue el Allroad. Otra cosa es que el plus de potencia y refinamiento de estos motores gasolina puedan competir con la oferta diésel disponible en estos dos modelos (TDi de 143 y 170 caballos en el Allroad contra el bóxer diésel de 150 en el Outback). Pero siempre quedarán algunos irreductibles incondicionales de la gasolina...
Más por menos. La partida del equipamiento la gana por goleada el japonés. Para empezar, cuesta casi 5.000 euros menos que el Audi, lo cual ya es una diferencia significativa. Antes de analizar la dotación de cada uno conviene apuntar que el Outback destaca por una mayor habitabildad en todas las cotas. Su nueva carrocería ha crecido notablemente respecto a la anterior generación y fruto de ello ofrece un interior amplísimo, con plazas traseras muy anchas y un maletero descomunal de 526 litros, 36 más que su rival.
Pero es que además el japonés incluye en su equipamiento de serie elementos como el navegador, el climatizador dual, los asientos de cuero eléctricos y calefactables, el control de crucero, los sensores de lluvia y luces, los faros de xenón o el sensor de parking.... todos ellos extras en el Audi. Total, que para igualar equipamientos hay que invertir otros 6.000 euros en el alemán.
Eso sí, todo tiene su otra cara. A cambio, el Audi obsequia a su conductor con un interior de primera calidad, con un diseño moderno, ajustes perfectos y una presencia general imponente. Igualmente, hay que valorar que el Allroad dispone de un propulsor con tecnología de vanguardia y unas prestaciones fuera del alcance del Subaru, mayor calidad de rodadura en carretera, el enorme atractivo de un cambio automático que se disfruta como uno manual y, como no, el plus de imagen que suponen los cuatro aros en la calandra, que también tiene su valor. Además, en el caso de que el dinero no sea problema, el catálogo de opciones del Audi contempla lujos inalcanzables para Subaru, como el receptor de TV digital, un equipo de audio de alta fidelidad firmado por Bang & Olufsen y dispositivos de seguridad como el asistente de cambio de carril o el control de crucero activo con radar que mantiene la distancia con el vehículo que nos precede.
No son todoterrenos válidos si buscamos emociones fuertes, pero cumplen en escarceos sencillitos (el Outback incluso en empresas mayores); no son tan versátiles como un monovolumen, pero sí disponen del suficiente espacio para resolver el 90 por ciento de los desplazamientos habituales; no se comportan como berlinas deportivas (aunque el A4 está bastante cerca), pero son coches cómodos que mantienen muy bien el tipo en asfalto.... Si, como es de esperar, vamos a pisar poco el campo y el dinero no nos asusta, el Allroad es nuestro coche. Si el precio es un obstáculo más aparte de los que nos encontraremos en el campo, mejor apostar por el Outback.