Se posiciona en una órbita premium, condición que se explicita nada más entrar en el vehículo porque la sensación de calidad es palpable. Por ejemplo en los elevalunas, cuyos movimientos son extremadamente suaves y silenciosos. También la consola central -bastante voluminosa- aglutina varios elementos diferenciadores: una palanca de cambios un tanto extraña, el selector giratorio de los distintos modos de conducción (ver recuadro adjunto) o el curioso mando multifunción ‘remote touch’, una especie de ratón que ejerce una ligera fuerza en su movimiento cuando su puntero se acerca a un icono de la excelente pantalla de siete pulgadas central (incluida en el pack opcional del navegador); aquí también se muestra el funcionamiento en tiempo real del sistema híbrido.
Por habitabilidad no desentona entre sus competidores, destacando el suelo plano de las plazas traseras o el maletero de doble fondo más que correcto.
Herencia híbrida. El sistema de propulsión híbrida, compartido con sus primos Auris HSD y Prius, es el verdadero protagonista del CT 200h. Combina un motor gasolina de 1.8 litros y 99 CV que se complementa con una unidad eléctrica capaz de producir 60 Kw. En total son 136 CV -no se suma la potencia de los dos sistemas, ya que no funcionan al máximo a la vez- que se ofrecen al conductor sin que éste se preocupe de activar ese plus électrico. El sistema decide en cada momento cómo actuar: al acelerar, el motor eléctrico ayuda al de combustión para generar más par, mientras que en los momentos de frenada y deceleración se aprovecha la energía cinética para recargar la batería. Al detener la marcha, todo es silencio (el motor de combustión se para), y si se acelera suavemente se puede circular en modo totalmente eléctrico, sin consumo de combustible.
Este Lexus no intenta jugar la liga de las prestaciones puras, sino que lo suyo es la ecología. El consumo que hemos obtenido en nuestra prueba ha sido brillante, sobre todo en ambientes urbanos donde la unidad eléctrica muchas veces se encarga ella sola de mover al coche sin necesidad de activar el motor térmico. En carretera el ahorro no es tan evidente, pero su gasto todavía está muy por debajo del de un gasolina, y es hasta mejor que el de algunos compactos diésel.
No obstante, la plataforma del CT 200h, con suspensión independiente McPherson delante y paralelogramo deformable en el eje trasero, ha demostrado estar por encima de las prestaciones del motor, un tanto corto ante el potencial dinámico de este coche. No para el usuario tranquilo, pero sí para el que gusta de recuperaciones con garra y un sabor deportivo más marcado.
El rodar del CT 200h es intachable en cuanto a finura y nobleza de reacciones, pero no tiene la gracia de un deportivo. Filtra muy bien las irregularidades del asfalto y convence en el paso por curva, pese a que en el inicio del viraje da la sensación de entrar muy suelto, pues apenas hay retención de motor y tampoco tiene un mando secuencial para poder seleccionar una hipotética marcha más corta (para eso se ha diseñado una posición B del cambio con más poder de retención). En este coche prima la facilidad de conducción, que sólo debamos preocuparnos de acelerar y frenar; en este segundo caso, destacar que la frenada se vale también del motor eléctrico para detener la marcha, ampliando la vida de las pastillas.
Compra recomendable. El primer compacto de Lexus nos ha dejado un gran sabor de boca y ofrece algo diferente a los compactos premium actuales. La tecnología híbrida obra el milagro en el consumo, brillante, y la finura de marcha es encomiable. Igualmente debemos considerar un precio más elevado que por ejemplo un A3 con su eficiente TDIe, si bien hay que decir que de serie viene mejor equipado que sus rivales alemanes. Un motor más potente sería la guinda perfecta para rematar un pastel híbrido muy apetecible.
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