COMPARATIVAS
CITROËN GRAND C4 PICASSO HDI EXCLUSIVE - PEUGEOT 5008 HDI SPORT PACK - RENAULT GRAND SCÉNIC DCI PRIVILEGE - TOYOTA VERSO D-4D ACTIVE

SIETE EN EL BLANCO

Pasen y vean. Aquellos lectores que ostenten el título de padre o madre de familia, o estén ‘opositando’ para conseguirlo, tienen ante sus ojos la gran respuesta a sus necesidades, la puerta de entrada a un universo de confort, amplitud y versatilidad de la mano de cuatro monovolúmenes, compactos en tamaño pero grandes en todas sus prestaciones.
Todo aquello que van a mostrarles no tiene más vocación que garantizar la máxima comodidad tanto para ustedes como para sus hijos durante sus desplazamientos: les proponen un habitáculo desahogado, plazas individuales y regulables para cada pasajero, infinitos huecos para dejar los objetos cotidianos, numerosas soluciones prácticas, voluminosos maleteros para llevar sin agobios todo lo que necesiten, motores potentes y económicos y una extensa dotación de equipamiento para sentirse tan a gusto como en su propia casa.
Y si es por número de plazas no se preocupe, no le hará falta recurrir a un gran monovolumen. Si tiene el carné de familia numerosa debe saber que en menos de 4,60 metros, los cuatro modelos que le proponemos son capaces de albergar hasta siete pasajeros en sus tres filas de asientos. Al final, hasta le sobrará sitio.

¿Son prácticas? La inclusión de dos plazas adicionales en modelos de tamaño compacto tiene sus defensores y sus detractores. Puede venir muy bien o suponer simplemente un desembolso económico extra para nada, pero a tenor de lo que presenta el mercado parece que para las marcas sí que es una solución que debe estar ahí.
La estrategia de Citroën y Renault en este sentido pasa por desdoblar su gama en versiones de cinco o siete plazas claramente diferenciadas por denominación y tamaño. Peugeot, que por fin debuta en la categoría, aboga por una única carrocería ofreciendo los dos asientos finales como una opción de equipamiento más (valorada en este caso en 600 euros), mientras que Toyota monta dos o tres filas en función de las combinaciones de motor y nivel de acabado.
La optimización del espacio no es sinónimo de milagro, de modo que tampoco podemos esperar que sobre estas dimensiones se puedan conjugar al mismo tiempo siete plazas y una gran capacidad de maletero.
Las dos plazas finales, independientes en todos los casos, están orientadas al uso por parte de niños porque van ubicadas muy cerca del suelo y a un adulto le obligan a llevar las piernas excesivamente flexionadas. Mal lugar para afrontar un trayecto de cierta duración.
Tampoco ofrecen demasiado espacio respecto a los respaldos traseros y la altura hasta el techo, particularmente en los del grupo PSA, el Grand C4 Picasso y el 5008, ya es ajustada para personas de talla media. Lo que resulta tremendamente sencillo es su manejo. Se levantan y se ocultan de modo intuitivo, no hay necesidad alguna de consultar el manual, destacando la facilidad mostrada por los asientos del Grand Scénic y del Verso, que se ponen y se quitan con un solo movimiento, frente a las dos operaciones requeridas por los otros dos franceses.

Carga para cinco.
Si pretende ocupar todos los asientos durante sus vacaciones, vaya preparando la baca para cargar el equipaje. Con todas las plazas activas, su maletero no da para más de un par de bolsas de viaje o maletas pequeñas. Lo mejor viene cuando prescindimos de las dos plazas finales. En todos quedan ocultas a ras del piso para conformar una superficie de carga totalmente plana y de gran capacidad, entre los 564 litros del Renault y los 679 con los que despunta el 5008, aunque estos registros se irán elevando en función de cuánto deslicemos la segunda fila de asientos.
El monovolumen nipón permite un mayor juego entre espacio para la carga o espacio para las piernas gracias a los 20 centímetros de regulación longitudinal de su segunda fila, frente a los 17 de Grand Scénic y los 13 de los representantes de PSA.

Con el paso del tiempo las marcas han conseguido solventar el ‘engorro’ que supone la presencia de la bandeja cubreequipajes cuando usamos las dos últimas butacas. Ya no hay que dejarla en casa porque en los cuatro modelos encuentran acomodo tras los respaldos de los dos asientos finales, aunque la mejor solución llega del modelo del rombo al contar con un hueco específico bajo el piso que la mantiene oculta a la vista.
Los bultos se cargan con facilidad gracias a la gran apertura de sus portones y la reducida altura de sus bocas de carga -más elevada en el Toyota-, si bien el Grand C4 Picasso pone la nota de distinción con la suspensión trasera neumática que nos permitirá rebajar aún más y a nuestro antojo el plano de carga.

Posición a la carta.
Dejemos de lado las cuestiones de maletero y tercera fila para centrarnos en la segunda, centro neurálgico de la vida a bordo.
Aquí, más que destacar las notables cotas de anchura interior que nos ofrecen, sobre todo Verso y Picasso, hay que subrayar que el modelo de Citroën y su hermano de Peugeot cuentan con tres butacas de idéntico tamaño, mientras que el Grand Scénic -con las butacas más amplias en la segunda y tercera fila- y el japonés reducen la anchura en la plaza central.
El Grand C4 Picasso, en apariencia el monovolumen más puro y duro por su mayor longitud y altura, responde a su condición otorgando la mayor sensación de desahogo para sus ocupantes por el inmenso espacio reservado para las rodillas y las cabezas de los ocupantes de esta fila.
En el Renault uno se acomoda también a pierna suelta y sobrado de espacio, mientras que en el Peugeot se acusa la presencia demasiado cercana del techo, especialmente en los dos asientos laterales; el Toyota, el más pequeño por fuerta, también se muestra más justo en sus cotas interiores. No hay resquicio para las apreturas, pero su espacio para las piernas y la cabeza no sobresalen al nivel de sus rivales. Lo que también le distingue de ellos, y ahora positivamente, es que los respaldos se pueden inclinar hasta la posición exacta que se desee, mientras que los galos sólo permiten su regulación en dos posiciones preconfiguradas.
Al margen de las posibilidades de modularidad que permiten sus asientos -también se pueden abatir completamente para aumentar la superficie de carga e incluso en el Renault extraerlos del vehículo-, nuestros cuatro protagonistas rodean a sus invitados a bordo con todo aquello que les facilite sus estancia. Así, ponen a su disposición mesitas tipo avión, bolsas tras los respaldos delanteros, cajones bajo el suelo y todos, excepto el asiático, añaden además cortinillas laterales y salidas de ventilación.
Otro aspecto a tener en cuenta es el sistema de acceso a las dos últimas plazas. Los de PSA comparten solución, al estilo butacas de cine repliegan banqueta y respaldo tras los asientos delanteros, mientras que el Toyota propone abatir el respaldo, parcial o completamente, para después desplazar hacia adelante todo el asiento, permitiendo así un acceso atrás algo mejor que el del Picasso y el 5008.
Nosotros también nos movemos hacia adelante para situarnos en el puesto de conducción y reafirmar desde aquí nuestra convicción de que el Citroën es el producto que mejor responde al ADN de un auténtico monovolumen. Al prescindir del freno de mano de palanca -sólo lo conserva el Verso- y de una consola central que delimite ambas plazas, la sensación de amplitud para las piernas y de estar en un espacio abierto es inigualable; además, la acentúa con una mayor iluminación interior y visibilidad derivada de su parabrisas panorámico y sus grandes ventanillas laterales, sin olvidarnos de los techos panorámicos, sólo de serie en esta versión del 5008.
La separación entre ambos asientos es más sutil en el Toyota y más acusada tanto en el Peugeot como en el Renault, si bien éste tiene la particularidad de poder recorrer longitudinalmente la consola central en función de las necesidades de cada momento. Todos cuentan con más de una guantera -una de ellas refrigerada-, cajones bajo los asientos y espacios específicos para latas y botellas, aunque en el Grand Scénic echamos en falta un mayor número de huecos para dejar más a mano elementos como la cartera, el móvil, etc.
El puesto de conducción del Peugeot presenta una ergonomía más propia de un turismo por la combinación de las posiciones del asiento, el volante y los pedales, y disfruta como el C4 de reposabrazos independientes para cada asiento. El modelo del león nos ha sorprendido además por su magnífica presentación interior y la elevada sensación de calidad percibida, aunque sus contrincantes tampoco se quedan atrás y también rezuman buenas dosis de calidad en su elaboración, con acolchados blandos para la parte superior de sus salpicaderos.

Crucero de placer.
La magia del placer de viajar que se crea desde su habitáculo no se puede romper así por las buenas por un bastidor incómodo o duro o por un motor ruidoso y tosco. Tranquilos, en estos cuatro monovolúmenes todo responde al primer mandamiento de la categoría: obedecerás al confort sobre todas la cosas.
Para ello, el Citroën y el Grand Scénic apuestan de entrada por una suspensión más blanda que absorva cualquier irregularidad que pueda presentar el trazado, pero no por ello van a descuidar su eficacia dinámica.
El Picasso cuenta con el plus de la ya mencionada suspensión neumática, que mantiene constante la altura trasera y garantiza el máximo confort a bordo independientemente de la carga del vehículo. Por sus dimensiones y su centro de gravedad más elevado puede resultar algo torpón enredado entre las curvas, pero lo importante es que mantiene bien la trayectoria y no sorprende con reacciones bruscas a pesar de los movimientos amplios de su carrocería, además de contar con la ayuda de un equipo de frenos potente y efectivo.


Su compatriota de Renault es todo un dechado de equilibrio. A pesar de que su tarado de suspensión busca vorazmente la comodidad y de que los balanceos de la carrocería también son evidentes, este modelo sorprende por su elevada estabilidad y su agilidad a la hora de pasar muy rápido por la curva con total facilidad. Como sus rivales, el eje trasero se fija al asfalto para no sorprender con movimientos raros.
A los mandos del Toyota encontramos un escenario algo diferente. La suspensión ya no es tan mórbida y siendo el más compacto y el más bajo las sensaciones de conducción son más similares a las de una berlina convencional, con movimientos más ligeros y rápidos de su carrocería. Con todo, resulta menos ágil que el Grand Scénic.
Y resulta que es el nuevo el que pone la guinda dinámica a la categoría. El Peugeot 5008 sacrifica un punto de comodidad a bordo en favor de una puesta a punto del chasis más efectiva. La amortiguación parte de una base más firme que permite contener mejor las posibles inclinaciones de la carrocería, la dirección es precisa y ágil y su tren delantero se muestra más incisivo que el resto, muy obediente y siempre dispuesto a encarar con determinación cualquier trazado. El posterior, por su parte, resulta algo seco en esta versión, de modo que a la hora de tragarse los baches no es tan efectivo.