Resulta fascinante comprobar cómo los grandes fabricantes de automóviles son capaces de mejorar lo que parece inmejorable. Ahora le ha tocado a Audi superar las cualidades de su anterior buque insignia; todo un reto para el nuevo A8.
El primer aspecto a pulir ha sido el estético. Quizá podamos pensar a la vista de las fotografías que no ha cambiado demasiado exteriormente, pero vaya si lo ha hecho. Su línea es mucho más deportiva, muy en la onda del aclamado coupé A5 y, de hecho, pese a que es más largo y ancho que la anterior generación, apenas es unos milímetros más alto, lo que le confiere unas proporciones claramente más atléticas. Esto no impide que las plazas traseras gocen de suficiente altura y, ahora además, de un pequeño espacio extra para las piernas por el incremento de la batalla.
Desde el puesto de conducción observamos el nuevo cuadro de relojes, que aprovecha toda la superficie situada entre el velocímetro y el cuentavueltas para insertar una gran pantalla multi-información donde se despliegan los controles de la radio, el navegador o el ordenador de a bordo. Si lo hemos elegido entre el amplísimo catálogo de opciones, aquí también veremos la imagen de la nueva cámara de visión nocturna con detección de personas, un equipamiento que hace su debut en Audi en este A8.
El salpicadero mantiene la gran pantalla escamoteable del modelo anterior, pero rediseña los mandos de la climatización y el sistema MMI de control de todas las funciones del coche. Con todo, lo más llamativo es el nuevo mando selector de cambio, que simula un acelerador de lancha fuera borda y que sirve de reposo para la muñeca mientras accionamos los mandos superiores. El tacto es bueno y su diseño es muy personal, pero no nos ha convencido del todo su manejo comparándolo con el de la tradicional palanca. Tal vez sea cuestión de acostumbrarse...
Para rematar el repaso al interior, decir que el excelso tratamiento de los materiales y ajustes tradicional en Audi no ha variado. Bien es cierto que la imponente presencia de nuestra unidad de pruebas se consigue a base de opcionales, como la tapicería de cuero (que no viene de serie), los asientos de confort con masaje, calefacción y ventilación, revestimiento de alcántara para el techo y los pilares y una espectacular iluminación ambiente que da un toque de distinción al interior, especialmente cuando cae la noche.
Como un cohete. El corazón TDi V8 de doble turbo que anima a nuestro A8 es uno de los turbodiésel de mayor rendimiento actualmente en el mercado. Es un motor omnipotente, ya que desde casi el primer golpe de gas, a 1.750 rpm, entrega sus fastuosos 800 Nm de par máximo. Esto significa que saldremos inmediatamente catapultados en cada aceleración pese a las casi dos toneladas que tiene que desplazar. No en vano, hace el 0 a 100 en tiempos de los que dan pedigrí a un deportivo, por debajo de los seis segundos.
La nueva caja Tiptronic de ocho velocidades que estrena el nuevo A8 contribuye, además de a explotar el potencial del V8, a reducir el consumo. Sus tres relaciones finales estan muy juntas, de modo que son bastante operativas, y permiten afinar los consumos. Algo que no viene mal porque tanto potencial lleva consigo un buen gasto de carburante: muy por encima de 15 litros en ciudad y siempre más de 10 en carretera a ritmos de paseo. No es un mechero, pero es que estamos hablando de un buque con un motor de deportivo.
Y todo ello con un nivel de refinamiento digno de lo que significa una berlina de representación. El aislamiento es fantástico, no se aprecia una sola vibración y mientras el firme presente un buen estado el confort de marcha será absoluto.
A medida. Su hábitat natural son las grandes autovías, en las que los kilómetros pasan sin apenas sentirlos (tanto por los fulgurantes ritmos que podemos alcanzar como por el confort de a bordo), pero tampoco desmerece en carreteras con buen firme y curvas rápidas, donde brilla por su gran pisada y el buen apoyo de las suspensiones neumáticas con cuatro modos de actuación configurables desde el MMI. Si ya rizamos el rizo y nos adentramos en zonas escarpadas, ahí el A8 cuenta con el arma de la tracción total quattro (que reparte el par en una proporción inicial 40-60 que puede enviar hasta el 80 por ciento al trasero o el 60 al delantero si es necesario) y el diferencial trasero deportivo, que se encarga de distribuir el par que llega al tren posterior entre las dos ruedas del eje, favoreciendo el manejo en curva y complementando la acción del ESP. De este modo, el A8 soporta una conducción agresiva en zonas de montaña con las únicas limitaciones propias de su peso y su tamaño.
Mucho donde elegir. Poder configurar un Audi A8 sin pensar en el dinero que tenemos que gastarnos debe ser un placer como hay pocos en la vida. Porque la dotación de serie, incluso para este modelo 4.2 TDi de 95.800 euros requiere de retoques a base de cartera para ponerlo al nivel que se merece. Y es que, por ejemplo, la tapicería de cuero es opcional, al igual que la pintura metalizada o elementos interesantes de seguridad como el asistente de cambio de carril y ángulos muertos. Y si hay dinero, cómo resistirse al control de crucero activo capaz de parar y arrancar el coche automáticamente en un atasco; al MMI Touch, que permite introducir una dirección en el navegador escribiéndola con la mano en unpequeño panel sensible al tacto; los faros inteligentes, que se comunican con el navegador para, por ejemplo, activar la luz de giro cuando llega un cruce; o el impresionante equipo de audio Bang & Olufsen con 19 altavoces y 1.400 vatios de potencia.