GENERACIÓN ECO
La industria del automóvil lleva ya algunos años planteando una batalla feroz al consumo de carburante y por ende a las emisiones contaminantes. Los cada vez más sofisticados y eficientes sistemas de inyección -primero en los diésel, y cada vez más evolucionada en los modelos de gasolina- ya no están sólos en su batalla en favor del ahorro. Hoy día ya no se entiende un coche ECO sin el acompañamiento de un conjunto de medidas global que afecta a todos los elementos del automóvil. Desde los neumáticos, con los últimos productos de baja resistencia a la rodadura, hasta los sistemas de parada y arranque automáticos, sin olvidar la recuperación de la energía de frenado, la optimización de todos los grupos que demandan energía en un coche, desarrollos finales más largos, un pack de elementos aerodinámicos más eficiente, o hasta los indicadores del cambio óptimo de marcha.
Guerra de cifras. Planteamos esta comparativa como una guerra absoluta al consumo, y aquí ya comienzan las diferencias. Hoy día se ha estandarizado el registro de 99 gr/km de CO2 como el límite al que de momento sólo llegan los automóviles diésel más ecológicos. Y curiosamente, son los motores más potentes los que alcanzan este objetivo.
De todos nuestros contendientes, el Astra juega en desventaja. A pesar de ser una de las últimas novedades, carece -en el momento de la comparativa, aunque resolverá este asunto en los próximos meses- de un importante arma: el sistema de arranque y parada automáticos, de ahí sus 109 gr/km de CO2.
En lo referente al propulsor el modelo alemán parte con un conjunto menos capaz. Si el Astra intenta conseguir el máximo ahorro de la mano de un moderno 1.3 de 95 CV, el resto lo hacen con motores más grandes en cilindrada y potencia.
Tanto el Seat León como el Volkswagen Golf apuestan fuerte con la última generación de sus populares TDI, aunque ahora con un 1.6 de 105 CV como sustituto del anterior 1.9. Por su parte, Ford confía en el TDCi 1.6 de 109 CV que ya vimos en la generación anterior, aunque puesto al día.
Funcionamiento dispar. Teoría aparte, podemos hacer tres grupos diferenciados si nos centramos en el funcionamiento de cada uno de los motores. Golf y León estaría encuadrados en el mismo casillero al sustentar su eficiencia sobre la base del reconocido 1.6 TDI de 105 CV. Por su refinamiento, gran rendimiento y uso agradable han sido nuestros preferidos a la hora de la elección. A pesar de partir de una concepción de máxima economía, desde bajo régimen muestran buena predisposición para salir airosos de las situaciones más comprometidas, como por ejemplo, al arrancar en pendiente o para moverse con cierta soltura desde marchas largas. Ahora bien, aunque poco relevantes hay matices entre ambos. El Golf se beneficia de una mejor insonorización del habitáculo, por lo que es el más agradable mecánicamente tanto a nuestros oídos como a la hora de percibir vibraciones, casi inexistentes. Por contra, el León, siendo también bastante refinado, se le nota un punto más sonoro y su quinta marcha es, para bien, un pelo más corta.
En el otro lado encontramos al TDCi del Focus que se desmarca por su funcionamiento más áspero y ruidoso. Desde el ralentí, y mucho más en frío, transmite más decibelios al interior y el confort acústico se resiente igualmente a la hora de emprender un viaje, porque hay una frecuencia un tanto molesta que llega al conductor a medida que el tacómetro supera unos ilegales 140 km/h.
No obstante, el Focus no es ni mucho menos el peor en rendimiento, sino lo contrario. Nuestra unidad lucía unas pegatinas promocionales anunciando un consumo de sólo 3,8 litros y 99 gr/km de CO2 algo que, si las condiciones del tráfico no son muy desfavorables, es posible conseguir. Además, sus relaciones no son tan largas como en los Volkswagen y Seat, por lo que su motor siempre tiene un punto más de alegría para acelerar.
Mientras tanto, el Astra pierde comba. En lo relativo al consumo, por la mencionada ausencia del sistema de parada y arranque automáticos, que se deja notar y mucho en ciudad. Y en prestaciones, por su motor más menudo. Su pequeño bloque de 95 CV nos deja un poco fríos en las arrancadas desde parado, fruto de unos bajos pobres que obligan a ser cuidadosos con el embrague para no quedarnos clavados. Pese a ello, se mueve bien en la zona media y pide llevarlo más alto de vueltas.
Equilibrio como virtud. Por comportamiento, cualquiera de ellos satisface las necesidades de un conductor medio que ante todo demanda un coche noble y cómodo y sin grandes aspiraciones deportivas. Eso sí, sus bastidores son muy eficaces y superan con creces las prestaciones de sus motores. Para nuestro compacto ideal cogeríamos la dirección del Astra, el cambio del León, el confort del Golf y ese comportamiento equilibrado que tanto nos sigue gustando del Focus, a pesar de que las propuestas contrarias tampoco desmerecen; un detalle a tener en cuenta es que con los neumáticos de baja resistencia a la rodadura el agarre lateral y la distancia de frenado es algo peor que en sus homónimos no ecológicos.
Finalmente, ninguno se destaca claramente en lo referente al espacio. El Golf, siendo el más pequeño, pero dentro está muy bien aprovechado y sus grandes ventanas traseras amplían el espacio. La carrocería del Astra es la más voluminosa pero luego interiormente no explota esta condición. El León cumple, y el Focus satisface sin problemas el transporte de cuatro ocupantes.
Son, en resumen, coches para todo que gastan muy poco y con un equipamiento razonable. Algunos de ellos ofrecen varios niveles de acabado, disponiendo de más opciones en los niveles superiores. De la guerra contra el consumo salen victoriosos.