FERRARI CALIFORNIA STOP&START
DOMA MODERNA  
La contención de emisiones también ha llegado a los deportivos. Inlcuso Ferrari, en el modelo más versátil de su catálogo, el California, ha incorporado un sistema Stop&Start para mitigar el hambre de tanto caballo  


Probablemente el comprador de un coche deportivo no se detenga mucho en comprobar cuántos gramos de CO2 emite su flamante automóvil. Pero el espíritu medioambiental es tal hoy en día -o mejor dicho, la normativa es cada vez más restrictiva respecto a las emisiones contaminantes en la industria de la automoción- que hasta los deportivos más prestacionales han tenido que sucumbir y buscar nuevas fórmulas para contener el consumo sin merma de las prestaciones.
Tal es así que Ferrari, por primera vez en su historia, introduce un sistema de parada y arranque automáticos del motor para los momentos de mayor congestión o de circulación urbana. Situación algo atípica para un Ferrari, ya que su ámbito de utilización natural no será precisamente la ciudad, aún cuando el California -el elegido para iniciar el camino verde en la marca del Cavallino- es su modelo sin duda más versátil de la gama. Lo vimos primero en el Salón de Ginebra de este año, y en la reciente cita automovilística de París incluso se presentó la versión más evolucionada del California con el sistema HELE (High Emotion Low Emissions), capaz de reducir las emisiones de CO2 hasta 270 gr/km. A falta de su llegada a los mercados para 2011, nosotros hemos tenido la oportunidad de probar el California Stop&Start que apoyado en este sistema y en otras medidas como la reducción de la fricción interna del motor, ha conseguido reducir el consumo en ciclo combinado un 6%, limitando a su vez las emisiones de CO2 a 280 gr/km, 10 menos que la versión estándar.
Dejando de lado el potencial real del Stop&Start en un Ferrari, por rara que se nos antoje tal asociación, lo cierto es que el sistema funciona correctamente. El botón para activarlo se encuentra en el techo, junto al asistente de aparcamiento, y permite el arranque en sólo 230 milisegundos. La primera vez que nuestro California se para es extraño, pues lo que menos queremos es dejar de oir el excitante sonido de su V8, y más de un transeúnte nos mirará con incredulidad al ver como hemos calado el coche (algo imposible con su cambio de doble embrague automático). La puesta en marcha es rápida y se acompaña de una ligera vibración, momento en el que los 460 CV de la bestia vuelven a cobrar vida. El V8 del California, recordemos el primero de la casa en ayudarse de la inyección directa, reúne todos los genes deportivos de Ferrari: un rendimiento espectacular, un tremendo bramido incapaz de dejar indiferente a nadie, y en este caso, una elasticidad que le hace muy agradable para pasear a ritmo tranquilo. Claro que, a diferencia de su novísimo hermano F458 Italia de ocho cilindros, tampoco estira tan alto y marca la potencia máxima en las 7.750 rpm (llegar a las 10.000 rpm que indica el reloj es una utopía).

Espíritu Ferrari. Pese a su menor radicalidad, el California, apoyado en el excelente cambio de doble embrague de siete velocidades (soberbio bajando marchas incluso en modo automático, y por contra muy mejorable en el engranaje de la marcha atrás), permite sentir a sus mandos todo el espíritu deportivo de la marca. En el volante encontramos el ‘manettino’, el mando para modificar la gestión del cambio, control de tracción y de estabilidad. Sin estas ayudas electrónicas el California sería incapaz de mostrar una facilidad de conducción impropia de su nombre, y de hecho en el modo CST off (elimina la asistencia de toda la electrónica, excepto el ABS) se convierte en un coche de reacciones bastante secas, por lo que hay que prestar mucha atención y ser cuidadosos con el gas. En el nivel ‘confort’ la cosa cambia sobremanera, aunque la intervención de los controles le quita gracia. No ocurre así en el modo ‘sport’, el mejor para explotar con seguridad las superlativas prestaciones del California, ya que el milagro electrónico hace la zaga más viva pero a la vez controlable. En definitiva, así resulta más efectivo en manos expertas y con una capacidad de tracción sorprendente, amén de una frenada muy potente, con discos cerámicos de serie como todos los últimos Ferrari.

Y también abierto. Poder disfrutar del aullido de su V8 a cielo abierto es toda una experiencia inalcanzable para el resto de la gama, no así para el California. Según el fabricante, el techo se recoge completamente en 15 segundos, aunque nosotros hemos medido unos cuantos más. En cualquier caso, el confort tanto abierto como cerrado es bueno -con turbulencias controladas en el primer caso y con un habitáculo bien insonorizado en el segundo-, y lo mejor es que sus líneas no pierden atractivo en su doble cuerpo: ¡nos gusta tanto en cabrio como en coupé!
Al dejar el California en el concesionario no puedo dejar de sonreír y recordar los gratos momentos de conducción que me ha proporcionado este deportivo con tintes de gran turismo. Por cierto, ya ni me acuerdo del sistema Stop&Start ni de las décimas de combustible que he podido ahorrar con él, aunque nunca está de más tenerlo.