COMPARATIVAS
 
AUDI A7 SPORTBACK 3.0 TDI QUATTRO / MERCEDES CLS 350 CDI / PORSCHE PANAMERA DIESEL

RUTEROS INFATIGABLES

Hay que reconocer a Mercedes el mérito de haber abierto una nueva categoría con el CLS, que ahora vive su segunda generación. Ha sido pionero de una elitista estirpe de coupés de cuatro/cinco plazas, y lógicamente han copiado a la marca de Stuttgart. Desde BMW con el desafortunado elogio al mal gusto del Serie 5 GT a coches tan atractivos como el Aston Martin Rapide, pasando por los dos modelos que lo acompañan en esta comparativa.
Porsche ha obrado inteligentemente. Primero con el Cayenne, un coche con el que evitaron que los propietarios de sus legendarios Carrera migrasen a otras marcas en busca de al menos cuatro asientos. Con el Panamera han dado un paso más: una berlina, que siempre es más elegante, aunque estéticamente sea algo discutible por las peculiares formas de su carrocería desde la mitad hacia atrás.
En el caso de Audi, la decisión fue también muy inteligente. Para quienes el A8 es un coche demasiado ampuloso y poco recomendable, por su aspecto señorial, para ser el ‘company car’ de los ejecutivos, el A7, por tener cinco puertas, es una alternativa incluso más atractiva estéticamente, y más discreta a los ojos de la generalizada envidia.

Hasta cinco. Quien compra o accede a uno de estos tres coches, bien como propietario o como beneficiario de un pago en especie -renting- por parte de su empresa, poco le importa la habitabilidad, pero lo cierto es que permiten que su disfrute no se limite a un acompañante. En este sentido, el más adecuado es el Audi A7 Sportback, diseñado para albergar, aunque sea ocasionalmente, a cuatro pasajeros. Y no importa que sean adultos, como en el caso de sus dos oponentes. Personalmente, en términos de espacio el que más me ha gustado es el Porsche, con unas plazas traseras, dos, como en el Mercedes- Benz, amplísimas en las tres dimensiones.
Cuando hablamos de coches alemanes de alta gama, la presunción de las mejores calidades es inevitable. Sin embargo, puestos a buscar la excelencia, el partido lo gana el Porsche. No es menos cierto que es el más caro, y con diferencias de más de 20.000 euros, aunque el equipamiento de serie disculpa parte de ese coste. Me ha decepcionado el CLS, en algunos plásticos como los empleados en los pulsadores del volante multifunción; el Audi, por su parte, sigue pecando de ser anodino por el excesivo parecido de sus rasgos interiores, hablando en términos de diseño, como otros modelos de la gama. Pero todo en la vida tiene un precio, y las calidades de materiales y fabricación del Panamera están jusficados en su abultado precio.
Del equipamiento mejor no hablar, ya que aunque el mejor punto de partida a mi juicio es el del más deportivo del trío, las posibilidades de “entallarlo” como si fuese un traje son enormes dado que la lista de opciones es, si no interminable, sí abrumadora y cara. Los caprichos se pagan, bien en términos de seguridad activa, de confort y hasta de dinámica de conducción, en cuanto a la mejora de chasis respecta.
El Audi, en otro orden de cosas, es el que más maletero ofrece (535 litros), con la ventaja adicional de esa quinta puerta, recurso que comparte con el Panamera, aunque sus 445 litros se nos antojan escasos, incluso para dar cabida a una bolsa de palos de golf, deporte al que suelen ser aficionados los conductores de este tipo de coches. El CLS se queda a medio camino por la limitación de su maletero convencional, aunque sus 520 litros dan suficiente juego para el equipaje de unas vacaciones razonables.

¡Qué motores! Hace algo más de 20 años una berlina turbodiésel de 100 caballos era una “bomba” y ahora algunas sobrepasan los 300 caballos gracias a la mejora del rendimiento de los comunmente llamados TDI; pero sin llegar a esas cifras, los tres protagonistas de estas páginas colman de sobra las exigencias no sólo de los usuarios “sensatos”, sino de quienes desafían a los radares que florecen por las carreretas de nuestro país.
El Audi y el Porsche comparten corazón, si bien la firma de los deportivos ha afinado el V6 de Ingolstadt. Rinde 250 caballos, cinco más que el del A7 Sportback, y su cota de par máximo está en los 550 newtonmetro, 50 más. Por su parte, el flamante motor 350 CDI BlueEfficiency es el más poderoso del trío, con 265 caballos y 620 Nm de par. Eso se nota cronómetro en mano. Si bien su velocidad máxima está autolimitada a 250 km/h, como el Audi, en aceleraciones y recuperaciones es el más ágil de los tres.
En su contra hay que señalar que es algo más tosco en su funcionamiento, ya que si sus rivales mitigan muchísimo el sonido, que no las vibraciones, cualidad que comparten, el CLS deja que la sonoridad se perciba levemente en el habitáculo. El mejor en este aspecto es el Panamera. De no ser por los logotipos Diesel que “sobran” en las aletas delanteras, nadie pensaría que se alimenta de gasóleo. Tras él, y por poco, situaríamos al Audi.

Trenes de alta velocidad. No cabe duda que nuestros tres protagonistas son unos ruteros excelentes, pero puestos a matizar, hay algunas diferencias reseñables. Las tres unidades probadas contaban con la opción de la suspensión neumática activa, algo recomendable si el propietario es exigente en términos de dinámica de conducción. En este ámbito los dos que me han gustado más son el Porsche, en primer lugar, y el Audi. El Panamera Diesel, beneficiado como el A7 Sportback con una más que generosa distancia entre ejes y unas anchuras de vía ideales, goza de un aplomo similar al del Cayman, que para mí es el más efectivo de los Porsche actuales.

Para ser una berlina deportiva de verdad no es incómoda, no hace un sólo extraño y es de una agilidad sorprendente para los casi cinco metros que mide y los casi 2.000 kilos que pesa. Además, por el magnífico tacto de su dirección hidráulica, no eléctrica como en sus rivales, la potencia de sus frenos y el rápido cambio PDK de doble embrague y ocho marchas, es una gozada afrontar un viaje largo con él, disfrutando de la conducción y del confort que brinda.
El Audi es el único con tracción total del grupo y dinámicamente se nota, sobre todo cuando el piso está mojado ya que permite unos pasos por curva a velocidades endiabladas, nivel al que puede llegar el Panamera gracias a las ayudas electrónicas y en menor medida el Mercedes-Benz, que por tarado de amortiguación, aun en el modo deportivo, es más burgués. En él prima más la comodidad que la deportividad, lo que se aprecia en unos movimientos que en el Porsche no existen, en el A7 Sportback son muy contenidos y algo más apreciables en el CLS. Ello no significa que sea el más torpe o menos eficaz, pero sí el menos deportivo desde el punto de vista de la conducción.