Las versiones S de la gama Audi dan un paso más en cuanto a deportividad, tanto en lo que se refiere a motor como a bastidor. Sin embargo, hasta ahora no se había aplicado la receta al TT, cuya variante más prestacional en la anterior generación fue un aburgesado 3.2-V6 de 250 caballos.
Ahora, con la S en su logotipo, estrena una unidad motriz 2.0 TFSi exprimida al máximo -al menos de momento- para alcanzar los 272 caballos de potencia. Este corazón, procedente del S3, tiene que mover 1.375 kilos , lo que le da una relación peso potencia más que interesante: 5 kg/CV. El empleo del aluminio para la construcción de toda la zona delantera de la carrocería y el l tren de rodaje tienen la culpa de este peso tan contenido.
Un disparo. El resultado es un TTS que resulta un auténtico misil. Tiene una capacidad de aceleración brutal (seis segundos para llegar a 100 km/h y 25 para recorrer un kilómetro desde parado). Pero además de contundencia, el propulsor es muy progresivo; no resulta brusco en la entrega de potencia, sino que desde abajo empuja con fuerza, pero controlada. El alto par máximo que genera (350 Nm) y, sobre todo al régimen en el que empieza a entregarlo (por debajo de las 3.000 vueltas) permite circular, cuando nos lo tomemos con calma, en marchas largas con la tranquilidad de saber que la respuesta será inmediata cuando demandemos potencia, sea cual sea el régimen de vueltas al que gire el motor. Además, el sonido con el que nos deleitará sólo se puede calificar de estimulante.
Pero a lo que invita el TTS es a ir siempre “al ataque”, y no ya por el potencial de su motor. El chasis, con muelles 10 milímetros más cortos, asume el incremento de potencia respecto a la versión de 200 caballos. Para conseguirlo acude a la suspensión Magnetic Ride, que regula de forma continua la dureza de los amortiguadores según la reacción de las partículas magnéticas que flotan en el aceite de los pistones del amortiguador. Este sistema es más rápido en su adaptación a los cambios de asfalto o a las necesidades dinámicas, de modo que su respuesta es más efectiva. Es un elemento que también puede montarse en el resto de los TT como opción y que cuenta con una posición Sport que en el TTS resulta casi exclusiva para circuito. El modo normal ya es bastante dura, pero es que en el Sport se transmite hasta la más mínima irregularidad en el firme. Algo que agradecerá el conductor, pero que incomodará al pasajero (las plazas de atrás son inútiles, salvo para niños que no se quejen mucho).
Esa dureza de chasis, unida a la efectividad de la tracción total Quattro, permite un paso por curva realmente impresionante. Tan veloz como seguro. Es fácil sentirse cómodo a sus mandos incluso a altos ritmos, algo a lo que también contribuye su eficiente dirección electrohidráulica, de muy buen tacto, y el cambio, que presenta un guiado preciso salvo en conducción deportiva, cuando hay que marcar algo más las marchas y se pierde efectividad. Opcionalmente puede montarse un selector con menos recorrido de palanca para completar un conjunto muy racing.
Por supuesto, las ayudas electrónicas no faltan, destacando un control de estabilidad con dos modos de actuación: uno convencional y un segundo nivel que permite los derrapajes retardando la acción de frenado.
Vistoso. El aspecto dinámico es la clave del TTS, pero exteriormente también se ha querido dotar al modelo cumbre de la gama de una personalidad especial. Así, el faldón delantero cuenta con tomas de aire mayores, las llantas de 18 pulgadas y estribos más marcados presiden la vista lateral, mientras que para la zaga se ha propuesto un difusor entre los dos colas dobles.
Un alerón retráctil queda oculto en el conjunto de la trasera y se despliega a partir de 120 km/h para generar carga aerodinámica en el tren posterior (más ancho que el delantero, por cierto). El interior responde con unos asientos deportivos tapizados en cuero y Alcántara que sujetan muy bien el cuerpo pero resultan algo duros con el paso de los kilómetros. El salpicadero, con remates de aluminio, está presidido por un volante con el arco inferior achatado, que es muy espectacular pero resulta incómodo en los giros encadenados.
Pedimos más. El precio del TTS, 51.400 euros, se justifica por si solo con las cualidades dinámicas que ofrece a su conductor. Pero seguramente podríamos pedirle que por esa cantidad ofreciera de serie elementos como un equipo de audio más completo y sofisticado, el climatizador bizonal, el reglaje lumbar para los asientos, los espejos plegables o la conexión bluetooth para el móvil. Por supuesto, si queremos asientos eléctricos, sensor de parking, navegador o pintura metalizada tendremos que engordar la factura final. Al menos, de serie incorpora faros de doble xenón con luz diurna, control de estabilidad y la mencionada suspensión magnética.
No es mucho el equipamiento, pero se le perdona todo cuando nos ponemos a los mandos de esta preciosa máquina de disfrutar.