CHEVROLET CAPTIVA 2.2 LTZ
BUENAS INTENCIONES  
Además de incorporar nuevos motores y transmisiones, el SUV de la firma americana ha tratado de mejorar allí donde más falta le hacía: bastidor y dirección  

Desde su lanzamiento, el Captiva ha sabido labrarse su propio terreno en un campo muy explotado como es el de los todo caminos compactos. Su posicionamiento ha sido claro: un gran tamaño para favorecer la habitabilidad, destacando su configuración de siete asientos, a un precio bastante competitivo.
Pero el modelo original arrastraba un déficit dinámico que se ha tratado de solventar con esta actualización reforzando el chasis y mejorando las suspensiones. Las mejoras se dejan notar, ha dado un paso al frente, pero su comportamiento, en cuanto a agilidad y efectividad, está todavía por debajo de la media.


Aún por mejorar. Sigue siendo ese coche cómodo para circular tranquilos y preferiblemente por vías amplias, y aunque ahora se aprecia que va más asentado, el balanceo de la carrocería, el cabeceo y las inercias propias de su peso y tamaño siguen ahí, con una presencia evidente. También se ha mejorado la dirección, pero no se ha acabado de redondear el trabajo porque continúa deparando, aunque en menor medida, un tacto impreciso, y es muy poco informadora de lo que sucede bajo las ruedas.
Su rendimiento también se ha visto empujado a nivel mecánico, empezando por un importante salto de potencia. Como tope de su oferta diésel tenemos un propulsor de 2.2 litros y 184 CV (150 en el modelo anterior) que mueve con solvencia sus casi dos toneladas de peso, si bien echamos en falta una respuesta más inmediata y contundente desde bajas revoluciones.
Nuestra unidad de pruebas contaba con el nuevo cambio automático de seis velocidades. No resulta brillante por su rapidez en los cambios y contribuye a que los consumos no sean precisamente austeros, pero tampoco desvirtúa la dinámica de marcha y las transiciones de una relación a otra son suaves, deparando así un uso bastante agradable.

Hay sitio para todos.
La fuerza del Captiva sigue residiendo dentro, en un interior amplio, versátil y con siete plazas de serie desde el acabado intermedio LT. Las dos butacas de la tercera fila se extraen y ocultan con un sencillo movimiento y para desplazamientos puntuales pueden ser aptas para un par de adultos.
Por lo que respecta a la fila intermedia, su piso plano invita incluso a alojar a un tercer ocupante en la plaza central. Podemos regular la inclinación de los respaldos e incluso abatirlos formando una superficie de carga totalmente plana, de modo que sólo le falta la guinda del pastel: la regulación longitudinal de estas butacas.
A consecuencia de la “guerra de promociones”, este Captiva resulta ahora más caro que su hermano de Opel, el Antara, y en su versión más completa LTZ se echan en falta opciones que permitan una mayor personalización más allá del techo solar y la pintura metalizada.